El golpe

Mongomo, julio 1986: a esa misma hora, lo sabré mañana en Yaundeé, Teodoro permanece en el Palacio tres de Agosto de Malabo, custodiado por la guardia marroquí que le entregó Hassan para su protección personal. Son los únicos soldados del país que disponen libremente de armas y munición desde hace varios meses, cuando el presidente Obiang descubrió que los suyos intentaban desplazarle.

El presidente regresó hace pocos días de París, de participar en los actos conmemorativos del 14 de julio. Había ido buscando créditos en francos cefa para tapar el agujero que sus leales han abierto en el Guinextebank. Una última esperanza de evitar la ruptura con Madrid y de salvarse de los suyos. Pero volvió con las manos vacías, sin firmar ninguno de los proyectos de cooperación que le había prometido Mitterrand. Volvió para encontrarse con un compló del que el sargento Mundú, que le pegó dos tiros sin lograr alcanzarle, era sólo uno de los protagonistas.

La madrugada del 19 de julio, los leales de Teodoro detuvieron en Bioko, en una operación relámpago, al ministro de Finanzas, Guillermo Ngema, al de Planificación, Marcos Mbá, y a varios ex ministros y personajes de su corte. El complot tenía su origen en el clan de Mongomo, cómo todos los que han sido en la historia poscolonial de Guinea. Fue aquí, en Mongomo, donde nacio Macías y dónde aprendió a engañar a los españoles hasta ganarse su confianza. Y fue también en Mongomo donde nació Teodoro y donde Teodoro preparó el derrocamiento de su tío Macías. Y es también aquí donde se ha preparado su asesinato. Y Teodoro sabe que han sido los mismos que le ayudaron a acabar con su tío, los mismos que han evaporado los fondos del Guinextebank, los mismos que han vendido las medicinas enviadas por la ONU al hospital de Ahmed, el medico egipcio, los mismos que ayer repartían con él y hoy quieren quedarse con todo, porque no consiguen entender qué pretende Teodoro, que es lo que busca en Europa, porqué ha roto con los chinos, porqué negocia con Francia y con España una salida que Francia y España no van a darle.

19 de julio, pues: estoy en la Gobernación de Mongomo, en el despacho del gobernador, con Ahmed. Ahmed se había empeñado en presentarme al gobernador: -«Eres periodista y puedes tener problemas si te ven por ahí con la cámara. Aquí no les gustan los forasteros, pero el gobernador te dará un pase para que puedas circular si yo se lo pido.»

Y estamos pidiéndolo cuando entran tres militares y le dicen algo el fang al gobernador. Parece desagradable y están armados. El gobernador se levanta y sale del despacho sin decir palabra, guardado por dos soldados. Otro queda aquí. Ahmed le pregunta en fang que pasa. Y él: -«Nada. No pasa nada. Que esta vez ha perdido.»-