El frenazo

Al final, van a tener razón quienes dijeron que las previsiones de crecimiento del Gobierno se iban a desinflar como un globo pinchado. El Fondo Monetario Internacional ha rebajado por segunda vez, ahora por debajo del seis por ciento, hasta el 5,7, la previsión realizada en el pasado mes de julio. En la práctica eso lo que supone es que probablemente no sea suficiente con las correcciones realizadas por el Gobierno español –las que hizo el Instituto Nacional de Estadística- sobre el crecimiento esperado en el segundo trimestre. El INE ha registrado ya dos correcciones a las previsiones gubernamentales, la primera ya citada, de casi el tres por ciento, y una segunda, en septiembre, de algo más del uno por ciento. Son sólo previsiones, pero han provocado la corrección a la baja de todas las proyecciones de crecimiento del PIB español, desatando la alarma europea donde nadie se explica que es lo que está ocurriendo para que España no siga el camino del resto de las grandes economías turísticas..

La nueva corrección del FMI, es un jarro de agua fría sobre las expectativas de salir de la crisis a velocidad de crucero. El Fondo cuestiona el crecimiento del seis y medio por ciento que el Gobierno de Sánchez estableció en los Presupuestos de este ejercicio, lo que significa que el Presupuesto se cerrará probablemente con un déficit superior al originalmente calculado. Pero al margen del impacto que las previsiones tienen en los cálculos del Gobierno de la nación y en las cuentas del Estado, el dato realmente grave es que España crece por debajo del PIB medio mundial, a pesar de haber perdido en la crisis tres veces más PIB que la media planetaria.

Es algo sorprendente y muy difícil de explicar. Otros países europeos muy castigados por la crisis, y con un potente sector turístico que quedó muy tocado por la pandemia –Italia y Francia, por ejemplo- están recuperándose a más velocidad, partiendo de una situación previa de menor retroceso. España se convierte, además, en el país de la OCDE que peor afronta la recuperación. Ya no es –como aseguró el Gobierno- la economía de la zona euro que más crece este año, una previsión que respondía al hecho de que España fue la economía más castigada por la crisis del Covid, perdiendo en 2020 casi un once por ciento de su capacidad de producción de riqueza, de la que este 2021 sólo se va a recuperar la mitad. Habrá que esperar a que termine 2022 –y a la multitudinaria inversión de fondos europeos- para que nuestro país logre situar su economía en la producción previa a la pandemia, mientras en el resto de los países de la zona Euro se avanzan a mucha más velocidad. 

Otro de los aspectos destacados del informe del FMI es el que se refiere al mercado laboral, donde las noticias no son tampoco buenas. La propaganda del Gobierno insiste en los datos parciales, en las pequeñas mejoras coyunturales, pero el FMI asegura que el paro seguirá por encima de 2019, al menos hasta 2023, siendo el país de la zona euro con más desempleo, por delante incluso de Grecia.

La pregunta que cabría hacerse es por qué España no logra crecer, ni –por tanto- crear empleo al ritmo anunciado por el Gobierno. La respuesta tiene sin duda que ver con la indefinición de las políticas españolas de reactivación económica. El Gobierno parece más pendiente de seguir preparando leyes de campaña, fáciles de vender en los medios, y desarrollando una intensa política de capilarización de ayudas masivas, un parte muy importante de ellas dirigidas a la juventud, como el bono de alquileres o el bono cultural. Son políticas que aportan alegría electoral, pero no logran impulsar ni a las empresas ni a la producción. Algo se está haciendo mal. Y no podemos seguir viviendo de ayudas públicas munificentes, financiadas por el maná europeo. No eternamente.