El embarazo del César

Nueve meses justos ha tardado Pedro Sánchez en quitarse de encima a la joven promesa del socialismo tinerfeño, sin dar ni una explicación ni las gracias por los servicios prestados, vaya usted a saber qué diablos le habrá hecho Gómez a Sánchez o a cualquiera. Al resto de [email protected] [email protected] Sánchez les ha dejado irse al menos con una excusa –una preñez complicada, una columna maltrecha…-, pero a Gómez ni un suspiro emocionado. El presidente Torres tampoco ha estado muy cariñoso con el cesado: cuando fue nombrado lo presentó como un éxito de la influencia del PSOE canario en Moncloa, San Jerónimo, Ferraz y el completo orbe socialista. Ahora se ha limitado a recordarnos -¡bien lo sabemos!- que él no discute las decisiones competencia del presidente. Silencio sepulcral sobre el asunto, pues. Habrá que esperar para averiguar qué diablos ha pasado con la joven promesa tan sólo nueve después de su fichaje en primera división.

Al margen de la sospecha de que algo debe haber hecho mal el finado Héctor, para que no le llegue ni una palmadita en la espalda, lo de Sánchez haciendo y deshaciendo en el PSOE es de hacérselo mirar: no en vano estamos ante un señor que ganó sus primarias frente al viejo aparato de Ferraz juramentándose ante los afiliados de que con él se abría una nueva etapa de control del partido por sus bases, de respeto a los afiliados y a los procesos de participación democrática en las decisiones, y de escuchar lo que el partido quiere. Pero fue llegar a la presidencia del Gobierno –con aquel primer pacto Frankestein con Podemos y los independentistas- y pasar absolutamente de todas las promesas: hoy el PSOE es propiedad de Sánchez, no de los afiliados. Sánchez hace y deshace a su antojo, lo decide todo absolutamente en solitario, sin consultarlo ni con su ejecutiva, ni con su Gobierno ni mucho menos con la oposición. Desde el nombramiento de la Fiscal del Estado hasta la renuncia a medio siglo de política exterior española en relación al Sahara. Y lo decide saltando de una posición a la contraria como si la memoria democrática esa, fuera la del olvido: un día asegura que jamás habrá indulto, y al siguiente lo hay. Un día garantiza que España no enviara armamento a Ucrania, y al siguiente se transforma en otánico titán, o abre Rota al doble de efectivos de la Navy como regalo de compromiso por su nueva relación con el amigo Biden. La última del manual del perfecto superviviente, reconvertido en César indiscutible y omnisciente, es esta nueva liquidación de sus pasadas decisiones, este reconocimiento –por segunda vez- que lo que él hizo –u ordenó hacer para activar el partido-  no ha funcionado. ¿Y como hacerlo funcionar? Ha convertido al PSOE en un sindicato de agradecidos palmeros de todo lo que Sánchez haga, lo que ordene negociar, lo que decida: que Bildu le cuelgue por fin a Felipe Gónzález la X de los GAL, que en Cataluña se arrincone definitivamente al español en las escuelas, o que el Gobierno pida un día solidaridad a Europa para gestionar autónomamente los precios eléctricos, y al día siguiente se niegue a ser solidario en la reducción del consumo del gas. El PSOE ya no existe más que como comparsa de las decisiones de su jefe. Ahora ha decidido que la ministra de Hacienda será la dos del partido, y sustituirá a su coleguilla de primarias, Adriana Lastra, como vicesecretaria general. Tras largar a Ábalos y a Lastra, el único que queda del equipo que lo llevó a la secretaría general es Santos Cerdán, veremos lo que dura, porque Sánchez suelta lastre cuando le conviene y sin remordimiento alguno.

Nuevas: que la ministra Pilar Alegría será la nueva portavoz del PSOE y Patxi López el sustituto del caído en desgracia, Héctor, hasta ayer mismo campeón y palabra del sanchismo. Las ministras seguirán en el Gobierno y compatibilizaran con el PSOE, y así Sánchez podrá parir su nuevo organigrama y cambiar el de hace nueve meses, sin necesidad de retocar el ejecutivo. Pilar Alegría ha empezado ya a marcar maneras: su primera decisión, ya es mala suerte, cancelar la visita que tenía prevista para ayer al presidente Torres. El otro portavoz, Patxi López, ya un poco viejuno, nada que ver con los renovados bríos de juventud que los socialistas celebraron hace no tanto, se ha descolgado con un tuit agradecido, estilo “o César o nada”, en el que dice que peleará por “la clase media y trabajadora de este país”, sin aclarar a cuál país se refiere. Atención a la clase media, que es ahora el discurso. Pero todo va muy rápido: a ver si la clase media le aguanta a Sánchez otro embarazo.