El cuento de las casas de Melisa

La ex portavoz adjunta del grupo parlamentario de Ciudadanos y ex diputada del partido, doña Melisa Rodríguez, cometió un pequeño desliz hace unos meses, probablemente como consecuencia de la emoción que ella y todos nosotros sentimos al ver como el volcán destrozaba el valle de Aridane. Recuerdo sus declaraciones en La Sexta cuando explicó casi llorando que acababa de “ver en un dron que ha arrasado parte de mi casa (sic)”. En otros  medios dijo que la lava se había llevado por delante “mi casa de Todoque”. Luego resultó que la casa de Todoque no era de ella. La Palma es muy pequeña y allí todo el mundo sabe de la vida y milagros de todo el mundo. Por eso acabó reconociendo no ser propietaria de la casa perdida en Todoque. Era “la casa de mis segundos padres”, dijo. Nadie le dio demasiada  importancia al asunto, pensamos que fue una licencia sentimental. La casa de tus padres -por muy segundos que sean- puedes sentirla como tuya. Muchos palmeros derramaron lágrimas por las pérdidas de otros, familiares, amigos y conocidos; a ella también pudo pasarle. 

Un poco después, nos enteramos de que Melisa tenía otra casa, esta bastante al Sur de la primera, en la zona costera de El Remo, desalojada por el avance de la lava, aunque –afortunadamente- no alcanzada. La sorpresa fue cuando –poco después de lo de Todoque- Melisa explicó que la de El Remo era su residencia habitual, y pidió la ayuda por haber sido desalojada de la misma. Nuevamente, la petición fue muy comentada, sobre todo porque la ex diputada ciudadana se presentó como portavoz de la Plataforma de Afectados, algo que no es, para reclamar que a ella también se le pagaran los 1.700 euros que –de media- corresponden a los damnificados por evacuación forzosa. Durante cuatro meses, la ex diputada ha vendido haber sido desalojada por las autoridades, y criticado –sin duda con razón- la lentitud en el reparto de las ayudas, y el que ella tampoco haya recibido ni un euro de los 2.2 millones en donativos entregados por el Ayuntamiento a las familias damnificadas: “Más de 4 meses desalojada sin poder usar mi casa, ni mi apartamento… Yo, cero euros”, escribió en Instagram.

Ayer domingo, los periodistas de El Time, periódico local palmero, demostraron que Melisa, dueña de dos pisos en Los Llanos, del apartamento en El Remo y de un piso en Madrid, comprado en su etapa en la Villa y Corte, no sólo no es propietaria de ningún inmueble dañado por el volcán, sino –y eso parece más grave- tampoco  tiene derecho a recibir ayuda alguna. La Policía Local certificó que no tiene residencia habitual en El Remo; no ha perdido propiedad alguna –como dijo inicialmente, llevada por la emoción-  ni ha sido nunca desalojada. Según El Time, se han emitido dos certificados negativos sobre la supuesta residencia en El Remo, sobre su “vulnerabilidad por desalojo de vivienda habitual”, que Melisa ha utilizado para solicitar acceso a parte de los donativos de particulares que Los Llanos repartió entre las más de 1.200 familias que sí perdieron sus casas o tuvieron que abandonarlas. Esas dos condiciones –residencia y desalojo- son imprescindibles para acceder al reparto de los fondos donados. Tampoco es “propietaria de un inmueble perdido total o parcialmente que resultara ser su residencia habitual”, porque sus otros dos pisos en Los Llanos, ni son primeras viviendas ni se han visto afectados.         

No se explica que alguien como Melisa Rodríguez, arquitecta y empresaria, propietaria de al menos tres inmuebles en La Palma y uno en Madrid, se meta en semejante lío para que el Ayuntamiento le abone 1.700 cochinos euros que probablemente no necesita. ¿Qué puede moverla a un comportamiento como ese? Sinceramente no lo sé. En los comentarios a la información publicada por El Time, alguien dice que la única explicación posible es la codicia. Yo prefiero pensar que ha sido el afán de protagonismo, el deseo de volver a estar en la palestra. Se inventó una reclamación y se convirtió en portavoz de su propia reclamación. En su descargo, supongo que algo de responsabilidad tenemos también los medios por habérselo permitido.