El cien por ciento de nada

El presidente Sánchez se descolgó en el Congreso con una chiripitiflaútica interpretación del descuento a la residencia en los viajes entre islas y entre Canarias y Península. Para algo debía servirle la subvención a la residencia alguna vez, y le ha servido para justificar que no haya ayudas contra la inflación en Canarias. El hombre había sacado de su chistera sin fondo (ese saco que le llenamos los españoles, canarios incluidos, con el sudor de nuestros bolsillos, primando en un cien por cien –gratis total- el transporte de cercanías, que es el que utilizan cientos de miles de españoles para acudir a trabajar y regresar luego a sus domicilios en el extrarradio de las ciudades. Una nueva alegría supuestamente antiinflacionista (es todo lo contrario) dirigida –como otras- a alentar el retorno a la casa socialista de los que han perdido la fe. No sé que tiene el poder que cuando se ocupa consigue convencer a sus usufructuarios de que a los ciudadanos se les compra con pasmosa facilidad. Lo cierto es que no suele funcionar: la mayoría nos dejamos favorecer por el dispendio de nuestros propios impuestos, sin chistar, pero seguimos votando a quien nos pluje. Los que creen que la gente va a cambiar el sentido de su voto porque le regalen el coste del transporte, una entrada del cine o diez céntimos por litro de gasolina, es que no se enteran. La gente vota con las tripas. Y cuando las cosas se ponen feas –como se están poniendo- vota además apretando muy fuerte los dientes.

Pero al asunto: cree Sánchez que en Canarias atamos los perros con chorizo de ídem, gracias a su magnanimidad graciosa, y además sin habérnoslo ganado. Ya saben: como en Canarias no se vive en ningún lado, qué suerte vivir aquí, y encima somos gente aplatanada y vaga que sólo está pensando en jolgorio, fiesta y carnavales. A pesar de todo eso, con dinero del Gobierno nos financian infraestructuras y servicios, y nos descuentan el 75 por ciento en los aviones. ¿Por qué habrían además de pagarnos el transporte de cercanías?

Ana Oramas intentó explicarle a Sánchez por qué, pero no creo que la entendiera. Quizá sería conveniente explicarle que de Tejina a La Laguna no se va en avión, o que si vives en Fasnia y trabajas en el Sur, un cuarto de tu sueldo se va en pagar la guagua. En la Península hay trenes, entre ellos un AVE que hemos pagado entre todos y que nos ha costado 50.000 millones en los últimos 25 años. Aunque es probable que nos lo prometan en la próxima campaña electoral, el AVE aún no va llegar a Canarias, aquí el mangoneo con los trenes de momento sólo ha servido para que Noemí Santana tuviera un trabajo de enchufada –el único que se le conoce- cuando era la pupila predilecta de Román Rodríguez, y Román el impulsor de ese tren grancanario que no existe, pero permitió a la señora Santana cotizar un par de años.

Los canarios hemos pagado solidariamente por el AVE 2.500 millones de euros, 1.100 euros por habitante. Pero el Gobierno decide bonificar con el cien por cien el transporte público de cercanías, y nos deja fuera porque ya tenemos el descuento de residencia. Vale.

El descuento por residencia es una política bastante vieja: fue aprobada –con un descuento del 20 por ciento, durante el franquismo, pasó al 33 por ciento con Felipe González, al 50 por ciento con Aznar, y finalmente al 75 por ciento cuando Nueva Canarias votó a Rajoy los presupuestos, justo dos semanas antes de votar para ponerlo de patitas en la calle. Pero el descuento no iguala el coste de nuestros desplazamientos al de los peninsulares, sólo nos acerca. Por eso, la subvención acabó incorporada al REF, establecida como un mecanismo compensatorio para que los ciudadanos de las islas compensen el coste de la lejanía con la metrópoli y de la fragmentación territorial del Archipiélago. Estar en el REF no es una garantía de nada, ya saben la devoción que sienten por el REF en el Ministerio de Hacienda. Por eso, conviene recordar que hay dos formas de pasarse nuestro fuero por el arco de triunfo: una, la tradicional, es despreciando lo que el REF establece. En esa fórmula el Gobierno de Sánchez se ha empleado tan a fondo que hasta su compadre Torres tuvo que ponerse enfrente. Pero hay otra forma de no cumplir con el REF, más disimulada: dejando a los canarios fuera de las ventajas económicas que se establecen para el conjunto de los españoles. Eso no es sólo ciscarse en nuestro fuero. Es hacerlo en todos nosotros