Destope

El PSOE presentará hoy en el Congreso su voto particular para revocar el destope de las cotizaciones, que los socialistas apoyaron por error la pasada semana. Que se equivoque un diputado puede tener lógica: es fácil despistarse cuando uno está medio dormido. Que se equivoquen al mismo tiempo todos los diputados de un grupo parlamentario, lo que demuestra es el papel residual y subsidiario que desempeñan hoy sus Ilustrísimas Señorías. Al final los diputados hacen mecánicamente lo que les diga el responsable del asunto que se discute. La mayoría van a las Cámaras a apretar un botón o levantar la mano cuando toca. Aparte del que tiene que intervenir en una materia concreta, nadie se la prepara, y si su partido apoya al Gobierno, se limita a cumplir una instrucción peloteada desde el banco azul. Para el rol que desempeñan hoy la mayoría de sus señorías en las 19 Cámaras Legislativas que hay en España –Congreso, Senado y 17 regionales-, uno piensa que nos las podríamos ahorrar. Un diputado por partido, representando los votos que haya detrás, y aquí paz y en el cielo gloria y miles de leyes idiotas y a veces incumplibles que nos ahorramos y millones de cuartos que nos ahorraríamos también.  

Pero esto iba de la metedura de gamba del PSOE, y sobre lo que piensan hacer para resolverlo: quieren corregir con un voto particular el destope de las bases de cotización que los socialistas apoyaron por error –un error inducido por Podemos, según dijeron- durante la votación del proyecto de creación de los fondos de pensiones de empleo en las empresas. El error se produjo en la Comisión de Trabajo al apoyar los socialistas cuatro enmiendas podemitas, que creían pactadas, entre las que los morados colaron la de quitar el límite a las cotizaciones de los sueldos más altos, curiosamente una de las propuestas previamente realizadas por el ministro José Luis Escrivá para aumentar los dineros que ingresa la Seguridad Social, y que –cuando fue planteada- desató una reacción muy radical de los pensionistas con jubilaciones más altas. Y es que en este país se juega mucho al trilerismo: parece obvio que algo habrá que hacer con el sistema de pensiones, si queremos que la gente siga cobrando la jubilación dentro de treinta años. La propuesta de aumentar las bases de cotización por encima del quince por ciento a quienes más salario cobran parece justa, y lo sería si no existiera ya un impuesto a la renta, por el que ya cotizan más quienes más cobran. Desde luego que tienen que existir mecanismos que regulen de forma progresiva la participación de las rentas en el sostenimiento del Estado de Bienestar. Lo que parece un desafuero es que –en vez de modificar cuando sea necesario las tablas aplicables en el impuesto por renta, actualizando los parámetros actuales- se plantee convertir todos los impuestos y retenciones en progresivos. ¿Es lógico un IGIC progresivo, en función de la renta? ¿Debe ser la gasolina más cara para los ricos? Precisamente para evitar tal disparate sirve el impuesto por la renta.

En fin, mientras el PSOE resuelve su error –puede hacerlo en el Congreso, con su voto particular, o en el Senado, introduciendo una enmienda reparadora-, volvemos a ver un Gobierno que vota divido, un Gobierno que apoya una cosa y la contraria, y a veces –como la semana pasada- una cosa y la contraria al mismo tiempo.

Esperemos que no les de por rectificar también el aumento –también en un 15 por ciento-, de las pensiones no contributivas, esas pensiones de miseria que en Canarias cobran ya casi cuarenta mil personas que no cotizaron, y a las que la Seguridad Social mantiene con jubilaciones inferiores a los 500 euros, que –si no se actualizan- devoraría la inflación con un par de mordiscos. Habrá quien crea que una cosa y otra están vinculadas, por la casual coincidencia de los porcentajes del destope de las retenciones a las pensiones más altas y los del aumento de las pensiones no contributivas, las más bajas. Lo cierto es que no tienen nada que ver una cosa y la otra, ni las cifras de gasto y de ingresos que comportaría cada medida son siquiera equiparables.

Aquí la cifra que debe hacer pensar a los diputados es la del gasto en pensiones, que no para de crecer y ha provocado ya que Europa exija a España un plan para mantener el sistema, que nadie se decide a presentar, ni desde el Gobierno ni desde los partidos que tiene enfrente. Y no creo que se haga en el ambiente preelectoral que vive el país. Casi 180.000 millones de euros es lo que ya nos cuestan las pensiones. Y cada año sigue subiendo.