Despues de la masacre

Miami, octubre 1985: la ciudad se está convirtiendo en un lugar de vacaciones muy peculiar. Sus problemas son ya tan acuciantes, que se han convertido en temas de novelas como ‘Continental Driftl’, de Russell Banks, y hasta de un cuadro, la es­pléndida realización de Eric Fischl en la que se muestra a los ridículos y sonrosados fabricantes de vacaciones tostándose al sol del Atlántico, mientras llegan a tierra cuerpos muertos de negros haitianos, como si fueran minas sin explotar.

Claro que algún día tenían que explotar las minas. El 17 de Mayo del 80, un jurado de blancos absolvió a cinco policías blancos acusados de haber matado a golpes a un agente de seguros negro llamado Arthur McDuffie. Los ghettos de Liberty City y Overtown se sublevaron y antes de que las cosas se normalizaran, fueron asesinadas veinte perso­nas, incluidos ocho blancos, que fueron sacados de sus coches y golpeados o quemados hasta su muerte. Esas imágenes, transmitidas por la televisión junto a las escenas de ‘Miami Vice’ filmadas con el objetivo recubierto de vaselina, están deteriorando la idea que siempre se ha tenido de Miami, haciéndo­la parecer una nueva Newark o un nuevo Detroit.

«Entre Mariel y el levantamiento de Liberty City nos hundieron», me dice el propieta­rio del Hotel Place St. Michel de Coral Gables. Y luego me cuenta un chiste más, un inevitable chiste de marielitos: «un marielito va conduciendo su coche por la Interamericana 95, cuando sufre un pinchazo en una rueda. Baja del coche y comienza a cambiarla. Un segundo marielito se detiene tras él, se baja también y pregunta: Qué… ¿Necesita ayuda? El primero empieza a explica algo sobre la rueda, pero el segundo le interrumpe: «tranqui, podemos ir a medias» -dice- «quítele usted la rueda, que yo le quitaré la radio».

Así las cosas, la exquisita pulcritud de ‘Miami Vice’, no sólo respecto de las drogas, sino con los elegantes artículos de consumo que la serie propagandea, no asusta ya a nadie. Sin embargo y tal como sucedió con ‘Scarface’, el remake de ‘El precio del Poder’ que interpreta el ‘marielito’ Al Pacino, la reacción del Miami oficial fue inicialmente de pánico. Uno no se explica que en una ciudad, donde ‘Miami Vice’ es reverenciada ahora. Sentían pavor de que millones de norteamericanos pudieran ver en primer plano a los criminales latinos disparando sus poderosas armas contra todo bicho viviente. Creían que las imágenes de la tele podrían dañar la imagen turística de la ciudad. Hubo incluso una gran presión para evitar que la serie se proyectara en Miami. Pero mientras los responsables municipales, la Iglesia católica y el portavoz de la comunidad latina pusieron el grito en el cielo, sus hijas volvían a casa temprano para enternecerse con la estirada seriedad del teniente Castillo o los variopintos lances del nuevo dúo de héroes.