Con faldas y a lo loco (transfuguismo pret-a-porter a ritmo de ‘ukelele’)

Recordarán perfectamente la escena: Fernando Trueba recibiendo el Oscar por ‘Belle Epoque’, y dirigiéndose emocionado al respetable: «Me gustaría creer en Dios para poder agradecerle este oscar, por desgracia, sólo creo en Billy Wilder… así que gracias, mister Wilder». Si para Trueba ese anciano cínico y terrible que era Wilder es lo más parecido a Dios, para muchos cinéfilos ‘Con faldas y a lo loco’ es lo más cercano que hay a la Biblia de la comedia.

La historia: Jack Lemmon y Tony Curtis, chelista y saxofonista en paro, se ven obligados a huir de un ganster que quiere apiolarlos porque han sido testigo de una venganza que ha terminado en masacre. Para esconderse, los dos músicos se disfrazan de mujeres y se integran en una banda femenina, dónde acaban compitiendo por los favores de una Marilyn Monroe espectacularmene hermosa. La cosa no durará mucho: Toni Curtis seduce a la dulce Marilyn y confiesa su travestismo. Jack Lennon, travestido en la dulce ‘Dafne’, acaba seducido a su vez por un viejo multimillonario que quiere fugarse con él-ella. La escena final es antológica: mientras el multimillonario y Jack Lemnon escapan en una motora, Lemmon intenta convencer a su raptor de la imposibilidad de consumar el matrimonio. El millonario rechaza todos los alegatos de Lennon, hasta que este se quita la peluca y grita «Soy un hombre». Su pareja le replica arrebolado: «Nadie es perfecto». The End.

Con faldas (las de Carmen Rosa García Montenegro y Consuelo Rodríguez Falero) y a lo loco (muy a lo loco, al decir de antiguos colegas suyos), Ignacio González (hijo) intenta montar ahora un partido bisagra para seguir en política. De momento suman alrededor de una docena y media los afiliados que han abandonado el PP de Tenerife, con la presunta intención de acompañar a Ignacio González (hijo) en su aventura política. Ignacio intento primero la integración en el Centro Canario de Olarte. La operación estaba prácticamente cerrada, cuando Olarte comenzó a cosechar críticas de algunos de sus díscolos por el acercamiento al joven y provocador político tinerfeño. Entre quienes censuraron la operación estaban Luis Hernández (que planteó la necesidad de hacerla con el visto bueno de Coalición Canaria) o Francisco Rodríguez Batllori, un personaje que ha sido algo así como el ‘alter ego’ grancanario de Ignacio González y que se opuso rotundamente a la incorporación de éste a las filas del muy deteriorado partido centrista. También en el CCN de Tenerife surgieron voces contrarias a la incorporación de González. El CCN tinerfeño ha soportado otras incorporaciones anteriores -la de Oswaldo Brito por ejemplo-, cuya renta electoral fue finalmente nula, y sólo sirvieron para deteriorar aún más la moral ya de por sí escasa de los afiliados tinerfeños a un partido que en Tenerife es apenas el apéndice de la expansiva personalidad de Olarte.

Con todo, el verdadero motivo de que Ignacio González no entrara en el CCN fue el propio Olarte. Para evitar que se produjera una afiliación masiva ante el próximo Congreso del CCN, dirigida precisamente por quienes quiren discutirle el control de su partido, Olarte decidió cerrar la afiliación a fecha de 14 de septiembre. Eso dejaba inevitablemente a Ignacio González fuera. Y fuera se ha quedado.

Podía haber intentado una aproximación al PNC de García-Ramos. En el PNC hay casi 15.000 votos de electores disidentes del nacionalismo. Pero Nacho González ha optado por caminar sólo esta vez. Primero va a contar sus fuerzas, va a reunir alrededor suyo todas las lealtades posibles -sus amigos dicen que puede llegar a sumar hasta seis diputados regionales- y luego ya decidirá donde recala con todo ese potencial, al que ya le ha puesto hasta nombre: Partido Popular Nacionalista Canario.

La pregunta es inevitable: ¿podrá Ignacio González convencer a los suyos para que le acompañen? Parece que no a todos. Es más que probable que Vicente Alvarez Gil prefiera alejarse de la política un tiempo, antes que enfrentarse con el Partido Popular. Y lo que sirve para Vicente Alvarez, uno de los principales valedores de Ignacio González, sirve igual para la mayoría de sus antiguos seguidores. No es lo mismo acompañar a Nacho en sus batallas dentro del PP, que hacerlo en sus batallas contra el PP. La gente suele medir bien lo que hace.

Ignacio puede quedarse al final más sólo que la una: está ya más que claro que contará con el apoyo de Carmen Rosa García Montenegro. Esta majorera menuda y ‘echa p’alante’ ha sido siempre de una lealtad personal a la familia González absolutamente inquebrantable. Carmen Rosa se merecería mejor suerte que la de acabar sus días como consejera arrumbada en la esquina del grupo mixto. Pero hará siempre lo que ella crea conveniente. En cuanto a Consuelo Rodríguez Falero, es muy posible que finalmente se decida. Es más calculadora, más ‘política’ que Carmen Rosa, pero su carrera siempre ha estado vinculada al proyecto de los González. Al final, lo más importante es saber si a Ignacio hijo le acompañará (y financiará) Ignacio padre. Si no es así, su ‘partido bisagra’ puede quedar reducido a una escenificación más cómica que otra cosa. Al margen de que si lo que Ignacio pretende s montar un ‘partido nacionalista’, lo primero que habría que plantearse es si Ignacio es homologable siquiera sea de lejos a algo que tenga que ver con el nacionalismo. Las hemerotecas podrían demostrar que -en relación con el nacionalismo- este joven político ha sido más un fiero detractor que cualquier otra cosa. Su intento de levantar un partido con vocación de situarse en el nacionalismo resulta cuando menos chocante. Pero todo es cuestión de las ganas que tengamos de creer en su conversión. Lo más probable es que siga siendo siendo un político aficionado a la trapisonda y el regate en corto, y muy de derechas. Pero como bien dijo el multimillonario pretendiente de Jack (Dafne) Lemmon: «Nadie es perfecto».